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60 DÍAS DE UNA VISIÓN GENERAL DE LA BIBLIA - DÍA 52

PECADO Y SALVACIÓN

Rom 3:1  Entonces,  ¿qué se gana con ser judío,  o qué valor tiene la circuncisión?

Rom 3:2  Mucho,  desde cualquier punto de vista.  En primer lugar,  a los judíos se les confiaron las palabras mismas de Dios.

Rom 3:3  Pero entonces,  si a algunos les faltó la fe,  ¿acaso su falta de fe anula la fidelidad de Dios?

Rom 3:4  ¡De ninguna manera!  Dios es siempre veraz,  aunque el hombre sea mentiroso.  Así está escrito:  "Que seas tenido por justo en tus palabras,  y que triunfes cuando te juzguen."*

Rom 3:5  Pero si nuestra injusticia pone de relieve la justicia de Dios,  ¿qué diremos?  ¿Que Dios es injusto al descargar sobre nosotros su ira?  (Hablo en términos humanos.)

Rom 3:6  ¡De ninguna manera!  Si así fuera,  ¿cómo podría Dios juzgar al mundo?

Rom 3:7  Alguien podría objetar:  "Si mi mentira destaca la verdad de Dios y así aumenta su gloria,  ¿por qué todavía se me juzga como pecador?

Rom 3:8  ¿Por qué no decir:  Hagamos lo malo para que venga lo bueno?"  Así nos calumnian algunos,  asegurando que eso es lo que enseñamos.  ¡Pero bien merecida se tienen la condenación!

Rom 3:9  ¿A qué conclusión llegamos?  ¿Acaso los judíos somos mejores?  ¡De ninguna manera!  Ya hemos demostrado que tanto los judíos como los gentiles están bajo el pecado.

Rom 3:10  Así está escrito:  "No hay un solo justo,  ni siquiera uno;

Rom 3:11  no hay nadie que entienda,  nadie que busque a Dios.

Rom 3:12  Todos se han extraviado;  por igual se han corrompido.  No hay nadie que haga lo bueno,  no hay ni siquiera uno."*

Rom 3:13  "Su garganta es un sepulcro abierto;  su lengua practica el engaño."*  "Hay veneno de víbora en sus labios."*

Rom 3:14  "Su boca está llena de maldición y de amargura."*

Rom 3:15  "Veloces son sus pies para ir a derramar sangre;

Rom 3:16  dejan ruina y miseria en su camino,

Rom 3:17  y no conocen el camino de paz."*

Rom 3:18  "No hay temor de Dios delante de sus ojos."*

Rom 3:19  Ahora bien,  sabemos que todo lo que dice la ley,  lo dice a quienes están sujetos a ella,  para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios.

Rom 3:20  Por tanto,  nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley;  más bien,  mediante la ley cobramos conciencia del pecado.

Rom 3:21  Pero ahora,  sin la mediación de la ley,  se ha manifestado la justicia de Dios,  de la que dan testimonio la ley y los profetas.

Rom 3:22  Esta justicia de Dios llega,  mediante la fe en Jesucristo,  a todos los que creen.  De hecho,  no hay distinción,

Rom 3:23  pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios,

Rom 3:24  pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó.*

Rom 3:25  Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación* que se recibe por la fe en su sangre,  para así demostrar su justicia.  Anteriormente,  en su paciencia,  Dios había pasado por alto los pecados;

Rom 3:26  pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia.  De este modo Dios es justo y,  a la vez,  el que justifica a los que tienen fe en Jesús.

Rom 3:27  ¿Dónde,  pues,  está la jactancia?  Queda excluida.  ¿Por cuál principio?  ¿Por el de la observancia de la ley?  No,  sino por el de la fe.

Rom 3:28  Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe,  y no por las obras que la ley exige.

Rom 3:29  ¿Es acaso Dios sólo Dios de los judíos?  ¿No lo es también de los gentiles?  Sí,  también es Dios de los gentiles,

Rom 3:30  pues no hay más que un solo Dios.  Él justificará por la fe a los que están circuncidados y,  mediante esa misma fe,  a los que no lo están.

Rom 3:31  ¿Quiere decir que anulamos la ley con la fe?  ¡De ninguna manera!  Más bien,  confirmamos la ley.

Rom 8:1  Por lo tanto,  ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,*

Rom 8:2  pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me* ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.

Rom 8:3  En efecto,  la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder;  por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores,* para que se ofreciera en sacrificio por el pecado.  Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana,

Rom 8:4  a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros,  que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.

Rom 8:5  Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza;  en cambio,  los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu.

Rom 8:6  La mentalidad pecaminosa es muerte,  mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.

Rom 8:7  La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios,  pues no se somete a la ley de Dios,  ni es capaz de hacerlo.

Rom 8:8  Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.

Rom 8:9  Sin embargo,  ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu,  si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes.  Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,  no es de Cristo.

Rom 8:10  Pero si Cristo está en ustedes,  el cuerpo está muerto a causa del pecado,  pero el Espíritu que está en ustedes es vida* a causa de la justicia.

Rom 8:11  Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes,  el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu,  que vive en ustedes.

Rom 8:12  Por tanto,  hermanos,  tenemos una obligación,  pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.

Rom 8:13  Porque si ustedes viven conforme a ella,  morirán;  pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo,  vivirán.

Rom 8:14  Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

Rom 8:15  Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo,  sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar:  "¡Abba!  ¡Padre!"

Rom 8:16  El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

Rom 8:17  Y si somos hijos,  somos herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo,  pues si ahora sufrimos con él,  también tendremos parte con él en su gloria.

Rom 8:18  De hecho,  considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros.

Rom 8:19  La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios,

Rom 8:20  porque fue sometida a la frustración.  Esto no sucedió por su propia voluntad,  sino por la del que así lo dispuso.  Pero queda la firme esperanza

Rom 8:21  de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza,  para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Rom 8:22  Sabemos que toda la creación todavía gime a una,  como si tuviera dolores de parto.

Rom 8:23  Y no sólo ella,  sino también nosotros mismos,  que tenemos las primicias del Espíritu,  gemimos interiormente,  mientras aguardamos nuestra adopción como hijos,  es decir,  la redención de nuestro cuerpo.

Rom 8:24  Porque en esa esperanza fuimos salvados.  Pero la esperanza que se ve,  ya no es esperanza.  ¿Quién espera lo que ya tiene?

Rom 8:25  Pero si esperamos lo que todavía no tenemos,  en la espera mostramos nuestra constancia.

Rom 8:26  Así mismo,  en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos.  No sabemos qué pedir,  pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.

Rom 8:27  Y Dios,  que examina los corazones,  sabe cuál es la intención del Espíritu,  porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.

Rom 8:28  Ahora bien,  sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman,* los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.

Rom 8:29  Porque a los que Dios conoció de antemano,  también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo,  para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Rom 8:30  A los que predestinó,  también los llamó;  a los que llamó,  también los justificó;  y a los que justificó,  también los glorificó.

Rom 8:31  ¿Qué diremos frente a esto?  Si Dios está de nuestra parte,  ¿quién puede estar en contra nuestra?

Rom 8:32  El que no escatimó ni a su propio Hijo,  sino que lo entregó por todos nosotros,  ¿cómo no habrá de darnos generosamente,  junto con él,  todas las cosas?

Rom 8:33  ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido?  Dios es el que justifica.

Rom 8:34  ¿Quién condenará?  Cristo Jesús es el que murió,  e incluso resucitó,  y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.

Rom 8:35  ¿Quién nos apartará del amor de Cristo?  ¿La tribulación,  o la angustia,  la persecución,  el hambre,  la indigencia,  el peligro,  o la violencia?

Rom 8:36  Así está escrito:  "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día;  nos tratan como a ovejas destinadas al matadero."

Rom 8:37  Sin embargo,  en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Rom 8:38  Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida,  ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir,  ni los poderes,

Rom 8:39  ni lo alto ni lo profundo,  ni cosa alguna en toda la creación,  podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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