CONSEJOS Y EXPERIENCIAS.

Por: Rvdo. J. Nicolás Ocampo Jiménez

Por estos días en los que mi cuerpo ha sido sometido a rigurosos chequeos médicos, he tenido un poco de tiempo en los intervalos para meditar sobre mi vida, de la cual tengo recuerdos desde que aún era un mocoso de unos tres y medio o cuatro años. Desde entonces he recibido no pocos consejos. Dichos consejos van desde los más sencillos y domésticos, hasta aquellos que derivaron en decisiones trascendentales para mi vida.

Tengo que decir que no son pocos los consejeros que Dios ha puesto en mi vida, los cuales comparo como un círculo, esa figura geométrica que me dice que puede que haya un principio pero es muy difícil, casi que imposible, aseverar que hay un final. Ese círculo empezó con mis padres en casa, y aún no termina, porque son mi esposa e hijos, los que no ahorran esfuerzos por brindarme los mejores consejos, buscando como objetivo, mi bienestar y el de los demás. Si usted se percata, se dará cuenta que los mejores consejeros, van a estar siempre, después de pasar por los externos, en casa. Recibimos los primeros consejos en casa, y seguramente recibiremos los últimos también.

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¡JESÚS ARRUINÓ MI VIDA!

Por: Rvdo. J. Nicolás Ocampo Jiménez.

¿Te sorprende mi afirmación? No es para menos. Yo no sólo estaría sorprendido, sino intensamente angustiado, al saber que mi pastor está diciendo semejante barbaridad.

Muchos que alguna vez entregaron sus vidas a Jesús con interés marcado por las cosas materiales, pero sin el más mínimo de expectativa por la salvación, se llevaron una ingrata sorpresa.

Llegaron como ese joven rico del que nos habla la Biblia, buscando en Jesús aplausos "ficticios" como esos que saben dar los hipócritas. Y cuando Jesús en vez de aplausos por el "buen comportamiento", le dice que venda todo lo que tiene, este prototipo del materialista, se va triste abandonando a Jesús y en rauda carrera a mirar todos sus bienes; a cuidarlos para no irlos a perder. Dicho de otra manera, perdió lo más por lo menos. ¡Fatal decisión!

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LA PACIENCIA

Por: Rvdo. J. Nicolás Ocampo J.

Tema que ha dado mucha tela para cortar. Se demanda paciencia con los semejantes, con los familiares, con los patronos, con los profesores, con los alumnos, con los trabajadores, con las ovejas, con los pastores, y la lista se haría interminable.

Existen personas que por ser impacientes demandan paciencia a Dios y le dicen: ¡ Dios, dame paciencia, pero dámela ya ! Y me da risa…

¿Y a todas esas para qué necesitamos la paciencia? Veamos qué nos dice la sabiduría de la Palabra de Dios:

Ecl_10:4b   La paciencia es el remedio para los grandes errores.

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