¿QUIÉN LE PONE FIN A LA GUERRA?

En toda su historia, la humanidad, así sea de manera forzada, ha aprendido a hablar el idioma de la guerra.

Hay pequeñas y grandes guerras. Hay guerras en la familia; hay guerras académicas; hay guerras comerciales; hay guerras matrimoniales; hay guerras intranacionales e internacionales; también hay guerras mundiales; en fin la guerra pareciera inherente al ser humano. Todo ello agitado por supuesto, por aquel que vino a hurtar, matar y destruir. El Diablo.  Ya desde hace mucho, la Palabra de Dios por medio del salmista nos lo ha advertido:

Se agitan las naciones, se tambalean los reinos; Sal 46:6ª   

Por estos días hay una sed jadeante de paz en nuestro país. Y pregunto: ¿Ante tanta guerra, quién no desea la paz? 

Ahora bien, la paz que se nos propone, no es otra cosa que el cese de hostilidades, más nunca el fin de la guerra, porque una paz sin Cristo como Garante Principal, es una paz incompleta. El Señor Jesús lo dice muy claramente:

La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden. Juan 14:27

Además, también nos dicen las sagradas Escrituras que el único que hace cesar las guerras es el Señor y Dios:

Vengan y vean los portentos del Señor; él ha traído desolación sobre la tierra.

Ha puesto fin a las guerras en todos los confines de la tierra; ha quebrado los arcos, ha destrozado las lanzas, ha arrojado los carros al fuego.Sal 46:8-9

Porque entre otras cosas, la paz no es ausencia de guerra, la paz proviene según de cuánto estemos confiando en el Señor.

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isa 26:3 

¿Qué debe hacer la iglesia entonces?

Primero: Definitivamente, orar.

Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes* y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna.

Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad. 1Timoteo 2:1-4

Segundo: Confiar en Dios.

La paz, lo repito, es sinónimo de quietud y confianza en Dios. Regresemos al salmo 46, allí se nos dice que estemos quietos, - más no inactivos - :

 "Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!"  El Señor Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.Salmo 46:10-11

Tercero: Reconocer que Cristo es el príncipe de paz. Sin el Príncipe de Paz sentado en nuestra mesa y gobernando nuestros corazones, es imposible una verdadera paz. La paz no es silenciar un fusil, la paz es tener un corazón desarmado y no desalmado.

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