FAVORITISMOS.

FAVORITISMOS.

Prohibidos por la Palabra de Dios, y que son tan comunes entre nosotros, aunque no debería ser así.

Los judíos que se creían “In” en medio de una sociedad que clamaba por conocer a Dios y oír su Palabra, se habían “adueñado” de las llaves del conocimiento y no entraban, y quienes procuraban hacerlo, no los dejaban. Esos mismo que de perseguidores, pasaron a perseguidos, pareciera que su legado ha salpicado a algunos cristianos que ya nos atribuimos facultades para darle la bienvenida a la comunidad de la iglesia, a quienes son de nuestro agrado, y desechamos sin el menor desparpajo, a aquellos de quien no gustamos. ¡Grave, muy grave! Es contradecir abiertamente el sagrado mandamiento de amarnos los unos a los otros. Por supuesto, no descarto que tengamos que asumir esa actitud, con aquellos que desechan y pisotean el Evangelio de Dios, de quienes nos dice la Palabra de Dios: “Con los tales, ni te juntes”

Los apóstoles Pedro y Pablo en sendas expresiones nos escriben de la siguiente manera:

Pedro tomó la palabra, y dijo: --Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, Hch_10:34

Porque con Dios no hay favoritismos. Rom_2:11

De igual manera el hermano medio del Señor Jesús, quien no se descarta que haya hecho lo propio antes de conocer de manera real a Su Salvador, haya hecho con éste lo mismo, pero cuando supo del comportamiento del Señor Jesús con los demás, aprendió la lección y escribió muchos años después lo siguiente:

Hermanos míos, la fe que tienen en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismosSupongamos que en el lugar donde se reúnen entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante, y entra también un pobre desharrapado. Si atienden bien al que lleva ropa elegante y le dicen: "Siéntese usted aquí, en este lugar cómodo", pero al pobre le dicen: "Quédate ahí de pie" o "Siéntate en el suelo, a mis pies", ¿acaso no hacen discriminación entre ustedes, juzgando con malas intenciones? Santiago 2:1-3

Queda claro entonces, que no podemos sentarnos en la silla del favoritismo y como todos unos señores feudales, tomarnos atribuciones que no nos competen.

Deseo que la iglesia que pastoreamos sea modelo en no discriminar a nadie, como lo hemos hecho hasta hoy. Que no perdamos esa identidad de amor fraterno, armonioso y bendecido.

 

Rvdo. J. Nicolás Ocampo J.

Pastor.

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