EL ESFUERZO

Por: Rvdo J. Nicolás Ocampo J.

La vida del ser humano desde que nace y me atrevería a decir que hasta que muere, pasa de esfuerzo en esfuerzo. Si es para nacer, nos tenemos que esforzar; si es para alimentarnos, nos tenemos que esforzar; si es para caminar, nos tenemos que esforzar; si es para estudiar, nos tenemos que esforzar; si es para trabajar, nos tenemos que esforzar; si es para alcanzar un premio, nos tenemos que esforzar y si es para salvarnos; nos tenemos que esforzar. Dicho de otra manera para alcanzar las metas o los logros, nos tenemos que esforzar.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.  Mateo 13:23-24

Todas las metas alcanzadas, son el resultado del esfuerzo, pero no podemos confundir el esfuerzo con los resultados.

No es buen mensaje el que se da cuando alguien se atreve a otorgar un premio por esfuerzo y no por logro. Es que los premios se ganan, no se piden; creo que estamos ante una muy deslustrada lección que se le ha dado a la humanidad por parte de una entidad mundial ampliamente reconocida, al otorgar un premio a un mandatario suramericano por sus esfuerzos en alcanzar la paz, que es muy distinto a que se le haya otorgado ese mismo premio por haber logrado la paz.

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¡ Hola Familia !

Son trece años a través de los cuales, como familia pastoral hemos visto crecer esta gran familia de la cual usted hace parte.

Por esta y muchas razones más nos permitimos dirigirnos a usted a través de este saludo, para decirle que son trece años en los que hemos visto que nuestro trabajo no ha sido en vano, por la evidencia que usted deja ver en cuanto su amor a Dios, la obediencia a su Palabra, la aceptación voluntaria de su instrucción y la firme convicción que de Jesús tiene usted.

Como en toda familia, no falta uno que otro momento de incomprensión y hasta de inconformismo, pero si así no fuera, no tendríamos la madurez para crecer al ritmo del propósito de Dios.

Como familia, nos regocijamos cuando llegan unos, aunque es inevitable entristecernos cuando otros se van; ya sea a vivir a la casa del Padre Celestial, o por esos cambios accidentales de congregación. No descarto que haya otros que es el mismo Señor quien se los lleva, muy al estilo de Himeneo y Fileto, ya sea porque son desconocidos para Dios, o porque aunque invocan el Nombre Sublime de Jesús, siguen navegando en su maldad.

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LA MALDICIÓN DEL ABORTO Y EL MALTRATO INFANTIL.

Por: Rvdo. J. Nicolás Ocampo J.

Produce escozor el maltrato al que están siendo sometidos los niños de nuestra sociedad.

Hace pocos días alguien me compartió un video en el que se podía ver cómo una madre sometía a una serie de torturas y vejámenes a su propia niña, y no pude evitar arder de enojo al ver tan horrendo espectáculo de una madre desplegar toda su fuerza, sobre la humanidad de tan frágil criatura. Pensé entonces, que eso mismo puede estar sucediendo más frecuentemente de lo que pareciera. Pero es más espantoso pensar que también está pasando en muchos hogares lo increíble, el maltrato de los hijos hacia los padres. De esto no escribiré hoy, dejaré para próxima ocasión.

La sociedad en su mayoría, parece enloquecida y en su desaforo mental, no se da por enterada que aquellos a quienes hoy maltrata, atropella, ignora y hasta asesina

– los niños – tienen suma importancia para Dios en el cielo, importancia que Dios quiere que nosotros los mortales les demos acá en la tierra.

Les recuerdo a los lectores que todos fuimos niños.

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