Me llamo Astrid Henríquez y soy la mayor de 4 hermanos.

Cuando tenía 11 años de edad, mi mamá nos abandonó por causa del consumo de  estupefacientes, pues esto se había apoderado de su voluntad. Desde ese momento ni mis hermanos ni yo volvimos a saber nada de ella ya que nos mandaron a vivir donde mi abuela paterna a la ciudad de Barranquilla donde una tía quien nos acogió y nos crió en medio de muchas dificultades, carencias, desprecios, en fin fue una niñez muy dura y yo tomé la responsabilidad de mis hermanos por ser la mayor; creo que no lo hice muy bien, pues no fui capaz de darles el amor que ellos necesitaban de una madre lo que hizo que durante mucho tiempo me sintiera mal. Dicha situación hizo que me sintiera culpable pero después entendí que yo al igual que ellos fui abandonada.

Bueno, pero el Señor se ha encargado de sanar muchas heridas. Cuando me gradué del colegio me fui a vivir a Bucaramanga porque tenía muchos problemas. En Bucaramanga unas hermanas por parte de mi papá me acogieron y me ayudaron a salir adelante.

Empecé a trabajar y a estudiar. Una amiga me invitó al grupo de jóvenes de una iglesia y allí conocí al Señor Jesús.  La verdad, mi líder Glorita me tuvo mucha paciencia y fui bautizada por primera vez, digo por primera vez, porque creo que no lo hice muy consciente de lo que en verdad significaba ya que no recibí el  discipulado debidamente, hace poco me bauticé de nuevo.

Desde ese momento empecé a pedirle a Dios que me restituyera, que mi deseo, antes que tener dinero o una profesión,  era tener una familia;  quería casarme y tener hijos y el hogar que nunca tuve. En esa misma iglesia conocí al que hoy es mi esposo, me enamoré de un gran hombre que le teme al Señor y lo ama con todo su corazón; lo ama más que a mí y gloria a Dios por eso, porque sé que es un hombre fiel a sus convicciones y me ha ayudado a acercarme más a Dios.  Cuando éramos novios, el Señor me dio una palabra a través de él: Aunque tu padre y tu madre te dejaran con todo El Señor te recogerá. Salmo 27:10.

El Señor ha sanado muchas heridas en mi corazón y a pesar de que yo vivía muy resentida con él y cuestionaba mucho el por qué si Él todo lo puede permitió que tantas cosas me pasaran. Pero bueno, me he dado cuenta que él siempre estuvo a mi lado guardándome y ha sido mi padre y mi madre a la vez.

Ahora mi oración es que el Señor nos dé  la sabiduría para criar a mis dos niñas – Luisa y Valery -  en Sus caminos y que me dé mucha vida por que no quisiera que ellas pasaran por lo que yo pasé, pues la ausencia de una madre marca mucho la vida de uno.

‎Hoy puedo decir que el Señor escuchó mi oración y me respondió; me ha dado una familia hermosa un gran esposo y dos princesitas que nos alegran la vida.

‎¡Ah! se me olvidaba algo:  mi mamá después de muchos años apareció, nos pidió perdón y hoy es una nueva persona,  ha pasado por muchas situaciones duras pero reitero, es una nueva persona.

 

 

 

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