Mi nombre es Marta Lucía Machado Calle. Hasta hace un mes creía que era la 10 de la familia, pero me enteré que soy la 13, porque mi madre tuvo un aborto de mellizos. Pero dejémoslo que soy la décima de una familia de 11 hijos.

Fui bendecida con  unos padres muy buenos, aunque con tantos hijos, no tuvieron tiempo ni preparación para dedicarnos los cuidados que un niño necesita, para tener una educación completa.

Desde muy niña descubrí que tenía un don especial para conocer el actuar de las personas, escuchaba cosas que otros no captaban, vi que tenía capacidad para entender varias cosas a la vez. Por ejemplo: Me encantaba estudiar en el escritorio de mi padre en su almacén, primero porque él sabía mucho para tener solo tercer año de primaria.

Antonio Machado fue un hombre inteligente sin estudios universitarios, dominaba las matemáticas y la “política” y, segundo, porque llegaban toda clase de personas a comprar y hablar  cantidad de cosas que yo quería aprender. Mis padres se volvían locos, pues los hostigaba con muchas preguntas, que la mayoría dejaban sin resolver, por los pocos medios de estudio e información del pueblo.  

Creo fue en mi primera comunión, me regalaron un librito de tapa roja y dura, con las principales historias de la Biblia. Creo que la leí millones de veces; sobre todo me extasiaba viendo la canastica donde pusieron a Moisés.

Mi madre ya desde el vientre me cantaba muchísimo y lo mejor, me leía. Luego en la finca, nos reunía, no a rezar rosarios, sino a leernos un libro, cada día un poco. Recuerdo que yo era la única que me quedaba, pues todos se aburrían y se iban escabullendo. Pero yo no me le despegaba a tratar de aprender a leer para no tener que depender de ella.

A los conflictos políticos entre liberales y conservadores, o la bondad de Dios, le debo que nos tuvimos que venir del pueblo, por temor a que nuestro padre muriera apedreado.

Aquí en Medellín continué mis estudios, pero no era normal que estudiáramos una carrera, además me embargaba una gran tristeza por una ceguera muy fuerte, que no me permitía ver el tablero ni de la parte más cerca. Entonces como todos,  tuve que trabajar en el almacén de la familia.

Un día me cansé de la mediocridad del ambiente y mis falencias de estudio, y me retiré, para trabajar en otra empresa, y prepararme en la psicología, ya por mi cuenta.

Allí conocí al que fue mi esposo, aunque tenía a mi primer amor de 4 años esperándome en el exterior, otro pretendiente en remojo; lo acepté de inmediato porque llegó con un libro en la mano, y que hasta hoy tiene (claro con un título nuevo siempre) Encontré el hombre preciso, que lo primero que me dijo fue: Si nos entendemos, nos casamos y tenemos hijos, no quiero que los bauticemos, hasta que ellos decidan qué quieren en la vida. Total que (craso error) a los 6 meses nos casamos. Las comillas son  por el tiempo, pues la vida a su lado fue fascinante. Viajamos juntos y a veces con las hijas en los buques de la Gran-Colombiana, por  ocho años. Estaba en mi gran vida, conociendo y aprendiendo.

En el año 1.996 por fin llegó la primera máquina para operar la miopía, y contra mi esposo y todo el mundo, pero de la mano de DIOS me operaron, y este fue el primer milagro que el Señor hizo en mí, además fue doble, porque me curó la ceguera corporal y la espiritual.

En 1.990 con la muerte de mi padre,  sumida en una gran  melancolía, llegaron a mi puerta unas señoras con Biblias en la mano a hablarme de la muerte, la vida futura………y volví a acordarme de mi LIBRITO. Desde ese minuto no he dejado ni un día de estudiar la Palabra de Dios. Vi en él la psicología precisa, y correcta para tratar las personas y cambiar corazones.

En mis estudios encontré cantidad de versículos de los milagros de Jesús a ciegos, como también cegueras espirituales, pero el que me impactó siempre es: Marcos 8:22: Llegó Jesús a Betsaida, le llevaron un ciego, lo sacó fuera del pueblo. (‘?”) Le mojó los ojos con saliva, puso las manos sobre él y le preguntó si podía ver algo. Aquí está mi impacto: dijo: .-VEO A LOS HOMBRES. ME PARECEN COMO A ARBOLES QUE ANDAN.-

En mis estudios de psicología vi esto mismo: somos árboles que andamos. Unos  crecen torcidos, otros no dan frutos, otros  se arrastran, otros rectos porque no les interesa tener flores, ni escribir hojas, otros solo son tallos podridos, otros sus raíces se pudren antes de crecer.

Por todo esto solo quise tener dos hijas, pero mi esposo insistió en otro hijo, entonces rogué, ayuné, y ofrecí a Dios como Ana la madre de Samuel, si me daba un hijo varón. Y me lo dio.  Los dos tratamos de educarlos en la lectura, y darles  una preparación integral y profesional, y no tener que decir: mis hijos son árboles inertes.

Viajé a Israel, no para probar mi fe, sino para recorrer mínimos metros de los que recorrió Jesús; y alzar la mirada, ver los mismos paisajes que EL.

Hoy soy miembro de esta hermosa iglesia, escribí mi primer libro, pienso con la ayuda del Señor, escribir otro u otros; y seguir hasta mi muerte servir al Señor en todo lo que EL me diga.

 

 

 

 

Tags: TESTIMONIO,, MACHADO,

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