LA HISTORIA DE YUBERJEN MARTÍNEZ, EL HIJO DESOBEDIENTE DEL PASTOR

El boxeador es un sentimental que al terminar las peleas se disculpa con Dios por haberse agarrado a golpes con sus prójimos.

Detrás de su imagen de niño malo, Yuberjen Martínez, subcampeón olímpico de boxeo, es un sentimental que al terminar las peleas se disculpa con Dios por haberse agarrado a golpes con sus prójimos.

"Mi padre, que se llama Juan, es pastor y nunca apoyó mi carrera porque se basaba en pegarle al prójimo; un día le expliqué que esto era deporte y entendió a medias", dijo este domingo Martínez tras perder la final del peso mosca ligero con el uzbeko Hasanboy Dustamov.

Este domingo Dusmatov mostró un boxeo de muchas herramientas, defendió bien, se movió veloz y atacó para detener las ofensivas del rival. Le respondió bien con golpes de zurda y lo derrotó por votación unánime.

Martínez tiene una de las historias más conmovedoras de los Juegos Olímpicos de Río 2016. Nació en una casa pobre en el departamento de Antioquía y de niño hizo artesanías, vendió turrones de coco y trabajó de mecánico hasta que dio con el boxeo.

A los 14 años se hizo púgil, pero no fue hasta el 2013 cuando llegó al equipo nacional de Colombia, en el que el entrenador cubano Rafael Iznaga lo convirtió en una máquina de tirar golpes, el atributo con el que derrotó en Río al campeón mundial cubano Joahny Argilagos y alcanzó la final para acabar con la medalla de plata.

"El camino fue largo pero siempre supe lo que quería; ahora, con el dinero de la medalla (unos 30.000 dólares), le voy a comprar una casa a mi madre", dijo.

Distraído de la fama, Martínez hizo todo lo posible por alargar este domingo el lado ceremonioso de su actuación en Río. Asistió a la conferencia de prensa con la venda de la pelea puesta en sus manos y cuando acabó la plática se tomó fotos, quizás para demorar el momento de soledad que suele doblar a los medallistas olímpicos cuando se llenan de silencio en su habitación de la villa.

A diferencia de los campeones colombianos más conocidos, Martínez no tuvo apoyos para llegar a Río. Sólo hizo cuatro peleas internacionales y apostó a la medalla con una preparación casera, basada en los conocimientos del entrenador Iznaga quien le pasó trucos de la escuela cubana de boxeo.

Ya en Río tuvo un camino complicado al debutar con el local Patrick Lourenco al que derrotó por votación unánime, dejar fuera al medallista mundial filipino Rogen London de la misma manera y eliminar al español Samuel Carmona y al campeón mundial Argilagos en apretadas decisiones de 2-1.

Este domingo aprovechó su aureola de héroe para lanzar un grito de que ayuden a sus compañeros de equipo y a los boxeadores que se quedaron en Colombia. "Allá hay otros con talento, sólo necesitan una oportunidad", dijo varias veces en su estancia en Río.

Yuberjen subió este domingo al altar del deporte colombiano y con sus puños alegró a los antioqueños. Otra será la historia con el pastor Juan Martínez. Al llegar a casa deberá explicarle su comportamiento de hijo desobediente qué pega al rostro de los prójimos y se niega a poner la otra mejilla cuando lo golpean.

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